Un instante con la Madama


Son muy vagos los recuerdos de aquella noche. Flashes; fotos turbias; imágenes borrosas… excepto aquel momento. La gravedad me había echo sentar en el cordón de alguna calle. Mi cabeza, paralela al piso, daba vueltas metida en una nube espesa. Recuerdo como un hilo de baba caía de mi boca hacia el suelo, y se volvía parte de un pequeño río de agua sucia que corría entre puchos, hojas secas y más mugre que había traído la lluvia.

Su carta de presentación fue el sonido de sus tacos; se acercó de a poco, como bajando una escalera, hasta que confusamente se hizo parte de mi deteriorado campo visual. Cuando estuvo cerca, una llama de lucidez iluminó mi mente: tacones negros y brillantes, manchados de barro en algunas partes. Medias de red, que se ajustaban a sus finos tobillos y se deslizaban por su piel hasta llegar a sus muslos. ¡Oh! Sus muslos… fuertes, hermosos, amenazadores. Me imaginé dentro de aquella mujer, siendo asfixiado por aquellas piernas…

Mi lucidez cayó como un boxeador muerto. Mis ojos volvieron hacia mis piernas, como impedidos de seguir mirando. La palidez de mi rostro se reflejaba en el charco estancado entre mis zapatos.

-¿Sabes quién soy? –preguntó con una dulce voz nocturna.

Dudé, aunque siempre lo supe: -Si, lo se.

Un solo segundo de silencio; sólo un instante que perdura en mis nervios hasta el día de hoy. No dijo nada; pues no había nada para decir. Me acarició la cabeza, la mejilla, (aún me parece sentir el frío de uno de sus anillos) y siguió, sobre sus tacones, que ahora se alejaban como subiendo una escalera.

Esa fue la primera vez que la vi. El primer contacto que tuve can Madame Shirley.

PESCADO

El mostaza nos suelta unas palabras sobre Madame Shirley


"No he tenido el gusto de conocer personalmente a Madame Shirley. Sin embargo, le guardo un gran aprecio gracias a las historias que los más veteranos me han transmitido.

Hace algunos años (yo recién comenzaba a aparecer por acá), se rumoreaba que iban a cerrar el bar, y en su lugar, los sobrinos de Miguel (cantinero del antro) iban a armar un Ciber Café. Lo raro, era que ante esta incipiente tragedia nadie reaccionaba con una iniciativa constructiva; sólo los más veteranos se detenían a defender la hipótesis de que eso nunca podría suceder, si entre nosotros estuviera una tal Madame Shirley…

Hasta ese momento nunca la había escuchado nombrar, no tenía idea de quién era esta tipa. Igualmente, me intrigaba mucho saber sobre ella y sobre su virtud, la cual permitiría defender al bar frente a esta imparable catástrofe. Me acuerdo que me acerqué al rincón de los veteranos, tome con ellos una o dos, y recién luego les consulte sobre esta mujer. Me contaron que no era la primera vez que alguien quería cerrar el bar; que hace algunos años se aparecieron unos inversores con mucha guita y con la idea de poner una cancha de padel en lugar del bar. Los tipos llegaron lejos con la iniciativa. Miguel, tentado por algunos ceros, estaba casi convencido. Pero en el camino se cruzaron con un significativo mojón: Madame Shirley.

Esta mujer, convenció a toda la muchachada de la zona de que no podían permitir que cerraran el bar, y mucho menos para que se construyera en su lugar un germinador de pelotudos (léase cancha de padel). Ella misma se encargó de la movida. Fueron todos juntos y convencieron a los inversores de que ellos, al igual que muchos, se iban a colgar uno o dos meses con la paletita, pero luego de un tiempo les iba a bajar el entusiasmo y el negocio iba a fracasar. Nadie puede negar que esta señora fue una adelantada.

¡Salud Madame Shirley!"

MOSTAZA